La historia nuclear francesa es una de las más nutridas y extensas a nivel global, desde el descubrimiento de la radiactividad por Henri Becquerel en 1896 hasta convertirse en uno de los líderes mundiales en energía nuclear en la actualidad. Hoy, Francia es el país con la mayor participación de la energía nuclear en su canasta eléctrica, con cerca del 68% de generación de electricidad.

Es posible marcar el inicio de su era electronuclear con la creación, en 1945 y tras la Segunda Guerra Mundial, de la Comisión de Energía Atómica (CEA) por orden del General Charles de Gaulle. El CEA tenía como vocación llevar a cabo investigaciones científicas y técnicas para el uso de la energía atómica en aplicaciones industriales, científicas y de defensa nacional. En 1948 se pone en marcha el primer reactor nuclear francés, la pila Zoé (Zéro énergie, Oxyde d’Uranium, Eau lourde), y en 1949 se producen los primeros miligramos de plutonio. Este reactor utilizaba uranio natural en forma de óxido como combustible y agua pesada como moderador.

La experiencia adquirida con los prototipos de reactores moderados con agua pesada dio paso a la necesidad de avanzar hacia una escala industrial con el fin de producir los primeros kilovatios de origen nuclear. Ante la ausencia de instalaciones para producir agua pesada o enriquecer uranio, la tecnología UNGG, basada en reactores enfriados por gas, moderados con grafito y alimentados con uranio natural, se impuso en Francia durante los años cincuenta. Este desarrollo dio lugar a los tres reactores G1, G2 y G3 en Marcoule, construidos y operados por el CEA, cuya capacidad instalada no superaba los 40 MWe. Durante los años sesenta se construyeron seis reactores adicionales de tipo UNGG, con capacidades entre 80 y 540 MWe, repartidos por el territorio francés y operados por EDF (Électricité de France), actual operador de todas las centrales nucleares del país. Estos reactores cumplían un doble propósito: producir electricidad y, no menos importante para la época, generar plutonio para la disuasión nuclear. Esta producción de plutonio estuvo acompañada, desde la década de 1950, por el reprocesamiento del combustible nuclear irradiado.

En los años sesenta, al mismo tiempo que EDF construía y operaba los reactores UNGG, la empresa estatal exploraba otro tipo de reactor: el reactor de agua a presión (PWR) bajo licencia de Westinghouse, de 310 MWe, construido en el departamento de Ardennes. A mediados de la década comenzaron a surgir dudas sobre la tecnología UNGG debido a su limitada capacidad de exportación, su menor potencia y sus mayores costos frente a los reactores de agua ligera estadounidenses. Por estas razones, hacia finales de los años sesenta, EDF decidió orientar el desarrollo nuclear francés hacia los reactores PWR, al considerarlos más simples, económicos y mejor adaptados al futuro del programa electronuclear.

La crisis del petróleo de 1973 puso de manifiesto la elevada dependencia y vulnerabilidad de Francia frente a este recurso fósil, lo que condujo a una fuerte aceleración de su programa electronuclear mediante el Plan Messmer de 1974, que contempló inicialmente la construcción de 13 centrales de 1000 MW. A partir de esta década, el desarrollo nuclear francés se concentró en la construcción en serie de centrales de una misma potencia, con el objetivo de estandarizar la producción, reducir costos y consolidar la tecnología PWR. De esta forma, Francia ejecutó uno de los programas de construcción nuclear más ambiciosos del mundo, con la puesta en servicio, entre las décadas de 1970 y 1990, de 32 reactores de 900 MW, 20 de 1300 MW y 4 de 1450 MW distribuidos en 19 centrales.

En paralelo al desarrollo de los reactores PWR, Francia, mediante EDF y el CEA, impulsó el estudio y la construcción de reactores rápidos refrigerados por sodio alimentados con plutonio proveniente de las centrales UNGG como parte de su estrategia de soberanía energética. De este esfuerzo surgieron los reactores Rapsodie (40 MWth), Phénix (250 MWe) y Superphénix (1200 MWe). Esta tecnología, combinada con una industria madura de reprocesamiento del combustible, permitiría disponer de un ciclo del combustible completamente cerrado. Sin embargo, los elevados costos de inversión y operación, junto con los bajos precios del uranio natural, entre otros factores, condujeron al cierre definitivo de Superphénix en 1998 y de Phénix en 2010, frenando temporalmente el desarrollo de esta tecnología.

Con el fin de mejorar los reactores PWR y como respuesta al accidente de Chernóbil, a comienzos de los años noventa Framatome y la alemana Siemens desarrollaron un reactor más seguro y eficiente, dando origen al reactor EPR. El primer EPR francés comenzó a construirse en 2007 en Flamanville y fue conectado a la red en 2024. Su construcción estuvo marcada por importantes retrasos y aumentos de costos debido a la pérdida de competencias industriales, una cadena de suministro con poca experiencia y la evolución de los requisitos regulatorios.

Junto con el reactor de Flamanville, Francia dispone actualmente de 57 reactores PWR con una capacidad instalada cercana a los 63 GW, que permiten producir alrededor de 375 TWh de energía. Gracias a su estrategia de ciclo cerrado en reactores térmicos, cerca del 10% de esta electricidad se genera con combustible reciclado de tipo MOX. Francia continúa siendo uno de los pocos países con capacidad industrial para reprocesar y reciclar combustible nuclear usado y cuenta con la mayor capacidad de reprocesamiento del mundo, con dos líneas independientes capaces de tratar 1000 toneladas de combustible usado por año cada una.

Con el fin de mantener su soberanía energética, entre 2014 y 2025 EDF desarrolló un amplio programa industrial de renovación y modernización de sus reactores más antiguos para prolongar su vida útil de 40 a 60 años. Los compromisos de Francia con la energía nuclear no se limitan a esta modernización. En 2022 el gobierno francés anunció la construcción de seis reactores EPR2 en los emplazamientos de Penly, Gravelines y Bugey, con la posibilidad de construir ocho reactores adicionales. Los seis primeros reactores estarían finalizados hacia finales de la década de 2030.

Las orientaciones más recientes del Consejo de Política Nuclear del gobierno francés consolidan esta estrategia de largo plazo. Además de acelerar el despliegue de los reactores EPR2, el Gobierno decidió mantener y modernizar las capacidades industriales de reprocesamiento y reciclaje del combustible usado, con el objetivo de asegurar la continuidad del ciclo cerrado del combustible y reforzar la soberanía energética francesa. Asimismo, el Consejo confirmó el desarrollo a largo plazo de una nueva generación de reactores de neutrones rápidos, retomando esta tecnología como una opción estratégica para valorizar mejor los recursos de uranio y cerrar de forma más eficiente el ciclo del combustible.

En paralelo, el plan France 2030 impulsa el desarrollo de tecnologías nucleares innovadoras mediante una importante financiación destinada a los Small Modular Reactors (SMR) y otros reactores avanzados. Estos reactores modulares buscan ofrecer soluciones más flexibles, con menores tiempos de construcción y aplicaciones complementarias a los grandes reactores EPR2, al tiempo que permiten preservar las capacidades industriales y tecnológicas francesas de cara a las próximas décadas.


Por: Alexander Garzón Losik

Fuentes:


PRIS IAEA, CEA, EDF, SFEN